jueves, 17 de marzo de 2011

Punto de vista: Tupi or not tupi

Tupi or not to be: that is the question. Esa era la cuestión para el brasileño Oswald de Andrade. A la vez que deboraba a Shakespeare, preconizaba la idea del canibalismo cultural en su Manifiesto Antropófago. La aplicación del canibalismo a la cultura, mezclando la propia, la indígena, con la invasora, ya en el estómago. En la retrospectiva Tupi or not tupi. Caníbales contra vampiros del Punto de Vista pude ver dos películas que trataban, de manera bien diferente, los problemas del choque cultural. El tema da para largo, pero sería mi único acercamiento a esta suerte de antropofagia.

Una es Les states meurent aussi (1953), mi principal razón para entrar en esta sesión. Chris Marker y Alain Resnais critican las formas de relación, básicamente de dominación de una raza sobre otra, que el colonialismo francés había establecido entre la metrópolis europea y las colonias africanas. Sobre un fondo siempre negro, los directores elaboran la película a partir de dos cosas: la acertada disección de figuras del arte africano, que suponen lo único que vemos en la pantalla, y el discurso a raíz de la pregunta: "¿Por qué el arte negro está en el Museo del Hombre y sin embargo el griego o el egipcio en el Museo del Louvre?". Al estilo Marker de montaje, ponen en duda las relaciones coloniales y la digestión despiadada de la cultura africana por las fauces de Occidente.

La siguiente es un documental más complicado de digerir: Triste trópico (1974), de Arthur Omar, la falsa biografía de un doctor que, después de realizar estudios médicos en París, acompañado de las figuras del surrealismo, regresa a Brasil y se apunta al mesianismo indígena como forma festiva de liberación. Su vida es igualmente surrealista, mediante la cual el director viene a poner en duda el propio cine documental. Se lo traga. Lo llama antidocumental.

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